Fina y suave, pero también propensa a la sequedad y a las rojeces. Para mantenerla en sus mejores condiciones, es necesario tomar una serie de precauciones.

De aspecto frágil y poco uniforme, la piel sensible tiene una gran tendencia  presentar problemas como tirantez, picor, descamación, rojeces, baja tolerancia a los cosméticos o agresiones como el sol, el viento o los cambios de temperatura.

Hay varios factores que influyen en su aparición. Además de la predisposición propia, las agresiones externas como la contaminación, uso de productos inadecuados, etc… y las internas falta de hidratación, dietas desequilibradas…, juegan un importante papel.

La sensibilidad extrema, como tal, no se elimina, ya que se trata de una condición propia de la piel. Pero si que es posible proporcionarle cuidados que necesita para que, de esta manera, muestre su mejor aspecto.

A pesar de su sensibilidad extrema, este tipo de piel necesita los mismos cuidados que las demás. La única diferencia está en la elección de los productos. Para la limpieza, por ejemplo, utiliza una desmaquillante en crema o en leche y como tónico, agua termal. Si es el agua de tu localidad es muy dura, tiene un exceso de cal, es posible que necesites lavarte el rostro con agua mineral. La elección de la hidratante es de vital importancia. Opta por una fórmula protectora y calmante y, por la noche, una crema nutritiva. Una vez por semana, puedes aplicarte una mascarilla calmante.

Siempre que te sea posible, asegúrate de que se trate de cosméticos especiales para pieles sensibles, hipoalergénicos y no comedogénicos. También es conveniente que no contengan conservantes, colorantes ni perfumes. Procura, además, que todos los productos que utilices sean de textura fluida ligera para que no ocluyan los poros.

Apuesta por los productos  frescos, preferentemente vegetales, ya que las vitaminas y los minerales que contienen contribuyen a mantener el buen estado de tu epidermis. También te favorece el pescado azul (atún, salmón, sardinas, caballa …) Su contenido en Omega 3 contribuye a evitar las inflamaciones cutáneas.

Pasar de un ambiente fresco al calor extremo del exterior sensibiliza todavía más tu rostro. El aire acondicionado tampoco favorece, ya que lo reseca y agrava sus problemas. En verano, es importante evitar todas estas agresiones y mantener hidratada la piel aplicándole crema varias veces al día.

Las exposiciones prolongadas resecan el cutis y lo vuelven mas frágil. Evítalo acortando las sesiones y utilizando una crema solar con filtro solar alto.

El tabaco resulta altamente perjudicial, y que deshidrata la piel y la deja mucho más desprotegida. Tampoco es conveniente abusar de las bebidas alcohólicas, las comidas picantes y el café, ya que, además, aumentan el riesgo de sufrir rojeces.

Texto: Yaiza Vidal

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