Origen del sostén

A fin de enaltecer, de levantar y poner de relieve los pechos, la mujer se ha sometido siempre a verdaderas torturas, sobre todo cuando los años ajaban la figura y era necesario paliar los estragos ocasionados al físico.

En la isla de creta, la mujer cretense inventó una especie de sujetador hace casi cuatro mil años. En aquella civilización del Mediterráneo, y también en la Grecia clásica, en las procesiones de vírgenes y doncellas unas aparecían con sostén y otras con los pechos al descubierto, según fueran vírgenes o no.

También en la Roma clásica se conocía el strophium, especie de banda enrollada alrededor del pecho.

Existen representaciones gráficas de atletas femeninas cuyo atuendo se limitaba a esa prenda más un reducido tanga, de modo que el conjunto formaba un bikini.

De aquella manera saltaban, subían muros, trepaban por las cuerdas, hacían piruetas e incluso luchaban.

En la Edad Media se olvidó el uso de aquellas prendas: el brial y la camisola aprisionaban entonces el pecho, ya que no se permitía señalar el busto.

Sólo a las doncellas, como signo de virginidad, se les dejaba apuntar el contorno de los senos, lo que no resultaba fácil conseguir.

Hasta mediados del siglo XVIII, una cinta de tela daba sostén al pecho, cruzándose por delante, sujetándose por detrás y atándose luego en el cuello.

 

Era un andamiaje que bajo las antiguas faldas de muselina de talle alto sometía a la mujer a un gran sacrificio, ya que constreñía y limitaba el movimiento.

Quién inventó el sujetador

EL inventor del sujetador fue el diseñador francés Pierre Poiret en el año 1907. Pero cometió el error de no patentarlo.

Siete años más tarde, en 1914 Mary Phelps Jacobs patentó el sostén en Nueva York, pasando ella a la historia como la inventora del sujetador.

Mary se inspiró en un artilugio parecido ideado en 1889 por Herminia Cadolle, que no caló en el mercado.

Había comenzado el declive del corsé, que se materializó hacia 1917. A poco de introducirse su creación en la sociedad neoyorquina su inventora Mary Phelps Jacobs hacía estas declaraciones:

El cuerpo es nuestro único anuncio. Todo cuanto hagamos por embellecernos es invertir en nosotras mismas. Hay que ayudar a la Naturaleza, que en nosotras acostumbra a cometer imperdonables errores.

Como la creación de sujetador coincidió con el inicio de la Primera Guerra Mundial, alguien vaticinó que lo que Mary Phelps acababa de patentar traería mayores consecuencias que la Gran Guerra.

Y no se equivocó. Ella era hija del inventor del barco de vapor Robert Fultonr. En su libro Años apasionados lo cuenta orgullosa y asegura que su invento no era menos importante.

La idea del sostén se le ocurrió al observar el entramado de ballenas, cordones y cintas rosa que a modo de armadura soportaban las mujeres.

Se rebeló contra aquel estado de cosas al grito de: “Nunca me someteré a esa humillación; que sufran ellos. Fuera el corsé”. Con la ayuda de su criada diseñó su primer dispositivo valiéndose de dos pañuelos de bolsillo, una cinta y un poco de hilo.

Cuando el primer prototipo estuvo terminado, su criada francesa exclamó alborozada: “Voilà l’avenir”= he aquí el futuro. No se equivocó. Amigas y conocidas enloquecían con la idea, a la par que encargaban su sostén.

Mary Phelps no tardó en recibir pedidos por correo, incluyendo sus remitentes un dólar para que les fuera enviada la revolucionaria prenda. Mary Phelps contrató a un dibujante para que le preparara los diseños y fabricó cientos de unidades.

No se hizo millonaria por culpa de su marido, un empleado de la famosa corsetería Wagner, que la convenció de que vendiera la patente a la firma donde él trabajaba, por sólo 15.000 dólares.

No se dio cuenta de que acababa de vender por una ridícula suma un invento que valía quince millones.

 

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